Cuando llegues a la Isla
centrarás tu mirada en mis ojos de agua
y reconocerás que soy yo
la que espera sin zapatos
encima de la ruda piedra.
Con hilos de oro cosieron mi boca,
colecciono en los oidos murmullo de sirenas,
ruido de tormentas, rugidos de Selva y
poseo en el cuerpo heridas de guerras.
En el trastero cuelgan medallas de platino
como recompensa.
Rozaré un segundo tus manos
y notarás el calor que transporta el alma.
En ese instante dejaremos las palabras encalladas
en el puerto de la bahía negra
y cogidos de la mano pisaremos descalzos
las huellas sobre la blanca arena.
MarianGardi